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Cae la amiga, "no me dejen afuera" dice. Se mete a la cama. Me chupan y me comen entre las 2. Pete a 2 bocas. Pregunto "quien me da la cola? Se cagan de risa, se pelean "a quien le toca el 7" Me re cabalga y cuando le digo "le prestamos la pija a tu amiga? La rubia empieza el 2do. Su guarres pasa por gemir mucho, muuuy fingido: Reincidencia, ni en pedo. Ami ultimamente me viene pasando lo mismo, le pongo onda, le pongo guita pero las cosas no salen como lo planeado.

Una vez mas mi dicho esta mas actual que nunca " A veces no se puede coger ni pagando Fer Todos los lunes prometo retirarme definitivamente de la joda Planifiquen con tiempo, que lo tienen antes de venir y vayan a lo seguro.

Desde luego, estoy en el segundo acto. Esta reflexión me ha llevado a introducirme de lleno en mi producción creativa. Tengo muchos manuscritos tanto de narrativa como de poesía por publicar, y siento la necesidad de hacerlo. He reducido al mínimo las colaboraciones: Canal Literatura, Pasionis, Dos disparos, El Cotidiano… De lo contrario, era imposible llevar a cabo mi empresa, cuyas satisfacciones personales, que no económicas, me hacen sentirme en paz conmigo misma y con la humanidad.

En esta ocasión, quiero degustar con vosotros, la novela que he lanzado al mercado editorial: El Legado de la Rosa Negra. Lo bueno que tiene trabajar con ellos es que, al ser tu manuscrito, lo pules con muchísimo cariño; das lo mejor de ti en cada letra, y eso, se percibe.

Me gusta hasta la portada, de verdad. Estoy realmente orgullosa de compartirla con vosotros. Es una novela llena de aventuras y romanticismo, que tiene una historia tan peculiar en su creación como en su prefacio. Por este motivo, he querido hacer el presentación yo misma; tenía que contar esa otra historia que tuvo lugar: En la contraportada, sólo he puesto estas frases: Consta de tres apartados: Es una novela fascinante que te hace soñar.

Cada vez que la repaso o que hablo de ella, sonrío. Y eso dice mucho. Os invito a descubrirla…. Al margen, como Amazon regala los primeros capítulos, de igual modo, lo hago yo. Puedes leerlos aquí mismo o desde la plataforma digital. A mis padres y a mi tía Marujita. Gracias por alimentar mi fantasía. A lo largo de la vida, pasamos por distintas etapas, y, llegada una cierta edad, nos miramos al espejo y nos decimos a nosotros mismos: Es algo que puede sonar a tópico, pero ocurre.

Sin embargo, cuando repasas fotografías antiguas comprendes esa evolución… En el arte, sucede lo mismo. Fue un periodo muy duro; marcado por insatisfacciones personales. Pero también de grandes aventuras, que han sido plasmadas en esta historia.

Recuerdo que comencé a tener insomnio. Todo comenzó a partir de un accidente en el que perdió la vida mi mejor amiga. Y se agravó con mi insatisfacción laboral; años de duro trabajo, compartido con los estudios universitarios. Por otro lado, mi amor platónico: Con este peligroso triangulo, mis ansias literarias se acrecentaron hasta cotas inimaginables. Los poemas se quedaban cortos; lo mismo que los relatos. Comencé a escribir El Legado de la Rosa Negra por las noches. Por aquel entonces, leía a Victoria Holt y tuve la suerte de viajar muchísimo, entre otros países, visité Egipto; pieza clave del manuscrito.

Cuando, hace unos meses, me decidí a revisarla para su publicación, Me asombré con su relectura: La sangre corría por mis venas en plena ebullición. Mi personalidad se fragmentaba entre la joven que aparentaba ser y la que era. La bofetada fue terrible, la agente no contrató sólo esta novela, sino todo lo que escribiera a partir de la firma del documento. Retoques de la misma incluida. Por otro lado, el original estaba escrito a mano.

Pasaron varios años, hasta que se mecanografió en una Olivetti de una manera muy entrañable: Todas las tardes, mi amigo Pablo se acercaba a casa. Yo le dictaba durante varias horas. Después, me sentaba en la terraza y volvía a leerla en alto. Esta vez para dos espectadoras muy especiales: De ahí la dedicatoria. Durante aquel verano, perdido en la memoria, me sentí radiofónica.

Pasó un lustro hasta que las hojas mecanografiadas se escanearon, una a una, para convertirse en un documento Word. El amor fue el arma con que Eva Lagos se enfrentó al mal.

Recuperó su libertad y descifró los enigmas de un antiquísimo linaje cuyos orígenes se remontaban al Egipto faraónico. Como veréis, esta novela es tan especial como atrayente. Entrelazados como uno sólo. Mi debilidad siempre fueron los polígonos. Sobre todo los de tres lados: Y todo en esta vida tiene una explicación….

Mi padre se llamaba Alejo y era el sexto hijo de la quinta mujer de un señorón gallego. Vino al mundo con demasiados hermanos a cuestas; tan sólo heredó el apellido y una buena educación. Madre se llamaba Rosalía y era de origen humilde. Se convirtió en el príncipe de sus sueños. A los pocos meses de conocerse, se casaron y emigraron al Levante peninsular. De inmediato, quedó encinta. Todo iba viento en popa hasta que Rosalía falleció tras una pulmonía.

El sepelio reunió a gran parte de la familia gallega. El esfuerzo sobrehumano de Alejo comenzó a dar sus frutos. Aunque tuvo un elevado costo; el pobre apenas disponía de tiempo libre. Nunca se quejaba porque era feliz viéndome crecer. Con los años, la fascinación fue recíproca. Llegué a idolatrarlo como si fuera el epicentro del Cosmos. Mi escolarización fue temprana; igual que mis habilidades describiendo historietas que inventaba día a día. Alejo creía en mí y decidió matricularme en un colegio de pago donde trabajaba la tía Marina: En septiembre de , con uniforme de cuadros príncipe de Gales y babero de rayas azules, comencé entusiasmada la nueva etapa educativa.

Todas los jornadas, regresaba a casa con una sonrisa y nueva aventura que contar. Siempre albergó la esperanza de visitarlo. A los siete años comencé a imitarlo. Leía y guardaba todos los artículos sobre aquella Civilización Milenaria. Ese día decidí ser arqueóloga. Una noche se despertó y descubrió mi pasatiempo. Pero en vez de reñirme aplaudió mi esfuerzo: Recién acabado el COU con notas brillantes, Alejo tuvo un accidente laboral y no regresó a casa.

Sin embargo, la fortuna incrementó mi parentela. Claro, me quedé con Marina. Siempre me había ayudado. Al poco tiempo de su defunción, comprendí que a ella también le hubiera gustado ser mi madrastra. Por desgracia, era demasiado tarde. Marina se transformó en mi segunda madre y, pese a que lo hacía bien, desde la muerte de nuestro hombre, la vida se había convertido en una mentira para ambas. Marina se refugió en Dios.

Yo, en mis fantasías. Aniquilé mis sentimientos y me convertí en la niña bonita que nunca rechistaba. Pero no lo conseguí. Un día caí al vacío. Marina, mal aconsejada por la Iglesia, repetía mi inmadurez hasta la saciedad; se convirtió en un insaciable Pepito Grillo [3].

Recién cumplidos los dieciocho busqué un especialista. Me dejé llevar por la intuición. Mi psiquiatra se llamaba Antonio Müller Beneito. Tenía la consulta en un barrio céntrico de Valencia. Al principio lo visitaba dos veces por semana. Después, los encuentros se espaciaron. Mi Freud particular me hizo entender que el duelo por la muerte de Alejo había degenerado en una depresión mayor.

Con su ayuda, recobré la alegría en pocos meses. Nació la verdadera Eva: Dejé de ser la niñita que siempre agradaba a todos. Marina sufría mi metamorfosis y, nuestra relación, hacía aguas. A los seis meses, la convencí para que conociera a mi terapeuta.

Tras varias sesiones conjuntas, volvimos a entendernos de maravilla. Pese a ello, no perdoné a las monjitas porque mis finanzas habían mermado demasiado. Su asesoramiento espiritual había salido muy costoso. Aparqué el Selectivo un año académico: Empero, como no deseaba estar inactiva, durante ese periodo de asueto académico, decidí sacarme el título de monitora de Aeróbic.

Algo que, a posteriori, resultó esencial en mi vida. Era una fiel seguidora de Jane Fonda y en poco tiempo tuve la acreditación pertinente. Meses después, me matriculé en la Universidad de Geografía e Historia.

Disfrutaba estudiando y no me costaba demasiado esfuerzo conseguir buenas notas. Todo cambió cuando descubrí que entre chicas y chicos hay un gran abismo. Hasta ese momento, mis escarceos amorosos habían sido tan escasos como un dique seco. Tenía que recobrar el tiempo perdido a toda pastilla. Llegado este punto, inventé miles de artimañas para agradar a los hombres. Descubrí mi sexapil y me convertí en una presumida: Maquillaba mis golosos labios y perfilaba mis ojos de gato con kajal negro.

Utilizaba faldas entubadas y camisetas provocativas. Mis flirteos fueron in crescendo; y el rendimiento académico descendió. En segundo de carrera conocí a Salva, cuya tesis sobre Las Mujeres en el Egipto Faraónico unido a sus atributos viriles, terminaron por cautivarme.

En pocos días, comenzamos a salir juntos. Fue mi primer amor. La tía estaba feliz. Salva le caía bien y las notas volvieron a ser excelentes. Al año siguiente, le concedieron una beca de investigación en Londres.

Allí, conoció a una antracóloga [4] que le robó el corazón. La distancia, no equivale al olvido. No obstante, puede mostrarte placeres irresistibles. Aquel triste acontecimiento, significo un nuevo duelo en mi vida; Salva había encontrado a otra mujer mientras que yo lo había perdido.

Pensé que aquello era el fin del mundo. Volví a caer en los abismos de la amargura. Con el tiempo, comprobé que dicho pensamiento era erróneo. Mientras tanto, disfracé mi distimia [5] con nuevas amistades y nuevo look. Corté mi melena, ondulada y trigueña, a lo Audrey Hepburn en Historia de una Monja. Transformada en un chavalín desaliñado, flirteé con ambos sexos. Marina estaba preocupada; no era para menos. Iba vestida de chico y había dejado las visitas al psiquiatra.

A veces, un pelín exagerada. Te dan la oportunidad de conocer nuevos horizontes —le contestaba con firmeza sin dejar de agasajarla. Ya lo he dicho. Soy demasiado mayor para comprender a la juventud —se disculpaba mi pobre tía poniendo cara de perro pachón.

Mantuve el mismo look hasta finalizada la carrera y la tesis sobre Nefertiti y su ambigüedad sexual. Me doctoré sin tantas glorias como se esperaba. Pero acumulé la titulitis necesaria para creer que iba a comerme el mundo. Fui a la caza de mi primer empleo con una sonrisa de oreja a oreja.

Alegría que se borró a las pocas semanas; comprendí que para ser Indiana Jones era imprescindible tener un buen padrino en alguna excavación lejana o con una cuenta corriente bien mullida.

Por suerte, era monitora de Aeróbic. Antes de patearme todos los gimnasios de la ciudad, retomé una línea sportwear que resaltaba mi silueta.

Cambios necesarios si pretendía dedicarme al mundo del deporte. Me costó unas semanas asimilar mi novedoso aspecto. Una mañana, recibí la llamada de un polideportivo en el que había dejado mi currículum: Se impartían multitud de disciplinas. Amén de contar con una boutique de ropa deportiva, cafetería y balneario. De poco me habían servido los años hincando codos. A posteriori, comprobé que las hijas del gerente iban a las Hermanas Salesianas.

Sin comerlo ni beberlo me había convertido en una enchufada. Estuve intranquila durante un tiempo. En poco tiempo, me convertí en una monitora excelente.

Al año siguiente, me especialicé en danza del vientre. Lo impartía la bailarina egipcia Salma Meriet Al-Nebet. La ciudad de la luz me brindó unos meses inolvidables. Me consagré en danza oriental y conocí a personas de culturas variopintas que enriquecieron mi personalidad. Frecuenté los barrios bohemios y sus espectaculares museos. Mi amistad con Salma reabrió una cicatriz encallada.

Mi pasión por Egipto afloró con una fuerza tan obsesiva que decidí visitarlo lo antes posible. Regresé a Valencia con muchas ilusiones; y mantuve contacto con mi profesora, a quien visité algunos fines de semana. La tía estaba recién jubilada: Se habían cobrado con creces las ayudas prestadas. Creía que el asunto iba a ser peliagudo.

.. Creía que el asunto iba a ser peliagudo. Al comentarle el asunto, puntualizó que decidiera si deseaba visitarlo como turista o como arqueóloga. Me dejé llevar por la intuición. Los días previos al viaje quedaron sumergidos en una aglomeración cósmica: Se mete a la cama. Ya que nunca olería las piedras de una excavación, por lo menos, serenaría mi ambición. La tía nunca lo descubriría.

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Pero acumulé la titulitis necesaria para creer que iba a comerme el mundo. Fui a la caza de mi primer empleo con una sonrisa de oreja a oreja. Alegría que se borró a las pocas semanas; comprendí que para ser Indiana Jones era imprescindible tener un buen padrino en alguna excavación lejana o con una cuenta corriente bien mullida.

Por suerte, era monitora de Aeróbic. Antes de patearme todos los gimnasios de la ciudad, retomé una línea sportwear que resaltaba mi silueta. Cambios necesarios si pretendía dedicarme al mundo del deporte. Me costó unas semanas asimilar mi novedoso aspecto. Una mañana, recibí la llamada de un polideportivo en el que había dejado mi currículum: Se impartían multitud de disciplinas. Amén de contar con una boutique de ropa deportiva, cafetería y balneario.

De poco me habían servido los años hincando codos. A posteriori, comprobé que las hijas del gerente iban a las Hermanas Salesianas. Sin comerlo ni beberlo me había convertido en una enchufada. Estuve intranquila durante un tiempo. En poco tiempo, me convertí en una monitora excelente.

Al año siguiente, me especialicé en danza del vientre. Lo impartía la bailarina egipcia Salma Meriet Al-Nebet. La ciudad de la luz me brindó unos meses inolvidables. Me consagré en danza oriental y conocí a personas de culturas variopintas que enriquecieron mi personalidad.

Frecuenté los barrios bohemios y sus espectaculares museos. Mi amistad con Salma reabrió una cicatriz encallada. Mi pasión por Egipto afloró con una fuerza tan obsesiva que decidí visitarlo lo antes posible. Regresé a Valencia con muchas ilusiones; y mantuve contacto con mi profesora, a quien visité algunos fines de semana.

La tía estaba recién jubilada: Se habían cobrado con creces las ayudas prestadas. Creía que el asunto iba a ser peliagudo. En el fondo, no eran tan pérfidas: Pese a ello, tuvimos que aprender a vivir con mi sueldo y su pensión. Una voz interior me decía: Desconocía por qué me lo explicaba hasta escuchar una propuesta laboral. Me pilló por sorpresa. Ella, advirtió mi perplejidad y retomó la palabra: Ya veo —dije sin salir de mi asombro.

Confío en ti —aseveré. Por cierto, es un trabajo muy bien remunerado. Poco importaba; tan sólo visualizaba una ESE muy grande con dos líneas verticales que la atravesaban. Procure contestar sin demasiada euforia. Mi alumna mantenía un tono cordial que animaba a comprometerse. Antes deseaba averiguar los pormenores de la sugerente oferta. Entrena de tarde en tarde… Fue una casualidad que coincidierais —añadió con un sutil victimismo.

Celia e ra una de mis mejores alumnas: Celia vestía un Chanel en tonos marrones, rematado con una filigrana cobre. Cenamos sushi en un japonés. Aunque parecía un pub selecto con decoración moderna, algunos objetos lo delataban: Mi imaginación voló hacia aquellos insinuantes tubulares.

Al instante, aparecí semidesnuda moviéndome de forma incitante; estaba claro que iba a descubrir innumerables facetas de mi personalidad. En el lateral derecho, una sinuosa barra de bar desaparecía en la penumbra; enfrente, la cabina del DJ [8] Una escafandra transparente suspendida en el océano. Paredes, moqueta y atrezo siguiendo la gama de los atrayentes azules del fondo marino.

Un abanico de infinitas posibilidades. Espectadores, camareros y bailarines, de ambos sexos. El antro era muy cool. Un lugar especial para gente pudiente. En un momento impreciso de la noche, el diyéi anunció un pase. Cabello rapado y piel nívea: Seguido, saltó a la pista un musculoso rubio de larga cabellera y ojos felinos: Nos deleitó con elegantes movimientos.

Besó la mejilla de su esposa y mi mano con unos modales exquisitos. No pude evitar sonreír: Nuestra conversación fue directa y transparente: No precisaba desnudo integral. Al escuchar la apetitosa cifra casi me atraganto con el Seven Up que bebía.

Me di una vuelta por las toilettes para escapar del arrebato que subía por mi garganta y encendía mi cuello como el de un pavo real agitado. Cuando salí dije que lo meditaría. Marina se despertó y al verme intranquila corrió a prepararme una infusión. Soñé despierta el resto de la noche. Si aceptaba la oferta, en un año podría costearme mi anhelado peregrinaje por el Egipto faraónico. La tía nunca lo descubriría. Le diría que daba clases particulares.

Aproveché el interés de Arturo por contratarme; y puse mis condiciones: Siempre bailaría con algunos accesorios que ocultarían mi verdadera identidad: Arturo no puso ninguna objeción. Los compañeros fueron muy agradables y me acogieron con los brazos abiertos desde el primer día. Tras varios meses como stripper, refiné mis modales. Descubrí mi potencial erótico y me convertí en un instrumento virtual de seducción. No me interesaba el sexo, sino la virilidad que despertaban mis movimientos bajo esos trajes impecables de Ermenegildo Zegna y Loewe.

Pero en Paradis, me sentía como un atizador flagelando las pasiones de la carne desde mi trono impuro. Sabiendo que un día podía caer en la hoguera, sin perdón. Vil como las meretrices de la Gomorra bíblica. Si la represión caía de golpe, te quedabas desnuda en un mundo de lobos en el que tu caperuza embaucadora y aterrada, se deshacía entre los dos mundos. El pluriempleo fue perfecto hasta que la burbuja estalló. La completa sintonía que reinaba en el club no era tan transparente como aparentaba.

Existía una red escort [9] en la que estaban implicadas numerosas personalidades del mundo financiero y la política. Arturo, tenía las espaldas cubiertas. Al descubrirlo, estuve a punto de dejar el empleo. Pero me pudo la codicia y la vanidad. Hablé con mi jefe del asunto, tajante. Nunca me convertiría en una prostituta de lujo. Mi contundente negación lo abstuvo de volver a mencionar algo similar durante el tiempo que permanecí a su lado. Al año de mi incorporación en el decepcionante y turbio submundo del vodevil, mi capital había aumentado de forma considerable.

Al comentarle el asunto, puntualizó que decidiera si deseaba visitarlo como turista o como arqueóloga. Hablaríamos cuando despejara mis dudas. Se alegró por mi decisión. Tenía varios amigos en el museo de El Cairo, movería algunos hilos para que trabajara junto a los mejores egiptólogos del mundo.

Pero no obtuve respuesta. Volví a intentarlo en repetidas ocasiones; al final, decidí hablar con uno de sus compañeros: Las malas lenguas decían que había pillado a su novio con otra; despechada se había marchado a América sin despedirse de nadie.

Fue como si me hubieran tirado un jarrón de agua helada sobre la cabeza: Eran imprescindibles dos idiomas vigentes y diversas lenguas muertas. Desgraciadamente, tan sólo me defendía en inglés. Recordé a Salva —mi ex-novio—; todo un privilegiado con adoctrinamientos familiares. Era obvio, que para el resto de licenciados, los resultados eran deprimentes.

Opositar a profesor de secundaria y punto. Ese era mi futuro. O seguir como monitora y stripper hasta que el cuerpo aguantara. La decisión estaba en mis manos. Abstraída, paseé por la ciudad. Tuve que refugiarme bajo el mirador de un hermoso edificio de la plaza del Ayuntamiento. Me llamaron la atención unos rótulos: Convertida en autómata, entré a preguntar. La inercia guiaba mis piernas. Apreté las guías contra mi pecho como si fueran el rosario que no podía dejar de rezar.

En casa analicé mi futuro. El medio era distinto, pero el fin era el mismo: Viajaría a la Tierra del Nilo como turista. A partir de ese momento, recopilé todos los itinerarios que pude. Tras hablar un buen rato con el comercial, realicé una reserva para principios de agosto. Opté por un combinado entre Marruecos y Egipto. Tenía un precio muy por encima de lo planeado.

Pero valía la pena: Ya que nunca olería las piedras de una excavación, por lo menos, serenaría mi ambición. El cuatro de agosto partía hacia El Magreb. Aproveché el inicio de las rebajas de verano para surtirme de un nutrido fondo de armario en marcas punteras; acompañado de caprichos a tutiplén.

Mañana comienzan mis vacaciones. En pocas horas, embarco hacia Marruecos. Cogí por la cintura a Sonia, otra de las monitoras del gimnasio y la zarandeé como a una muñeca. Nadie del polideportivo conocía mis estudios universitarios y mis ansias de visitar Egipto desde la niñez. No vale la pena. No te gusta lo que digo. Le gustas a los negracos y a los moros. A mí me dan miedo…. Me da igual que pienses que soy racista. Sólo digo que deberías recapacitar al respecto. No era mala chica, pero resultaba bastante mediocre.

Esos pensamientos cambiaron mi cabreo por una sonrisa de gratitud. Todas las personas no tenían el privilegio o la oportunidad de estudiar en colegios privados y llegar a la universidad. De nuestra casposa conversación, con pinceladas cargadas de intolerancia, sólo una cosa se acercaba a la realidad: Deseaba hacer nuevos amigos. Me daba igual su nacionalidad, su sexo, su color de piel o sus creencias religiosas. En ese candente instante en el que había estado a punto de perder los nervios, desconocía que el avión que me trasportaría a Marruecos me llevaría a un destino sin retorno.

Algo que cambiaría mi vida para siempre. Los días previos al viaje quedaron sumergidos en una aglomeración cósmica: Por fin llegó el codiciado amanecer. Aparecí en el aeropuerto de Manises, con mi tía, tres horas antes de embarcar, cargada con dos maletas gigantes, una mochila y unas ojeras que me llegaban hasta los pies.

Era un torrente amazónico, impaciente por pisar la ciudad roja de Marruecos: Iberojet destino Marruecos y Egipto; rodeada de una multitud de personas con numerosos bultos.

Supuse que eran mis compañeros de viaje. Antes de acercarme, fisgonee un poco… en un primero momento, divisé a una pareja sportwear de luxe con Samsonite rígidas y a una mujer vestida de Ralph Laurent. Al lado, dos caballeros acicalados de Emporio Armani. Muy al contrario que Marina, lloriqueando constantemente. Mi escrutinio finalizó cundo la señora del cartel habló…. Todos los que viajen a Marruecos y Egipto con Iberojet, levanten la mano, por favor. Necesito hacer un recuento.

Debo darles los pasajes y etiquetar los equipajes: El corazón me dio un vuelco. Elevé el brazo como una autómata. A los pocos minutos, me despedí de la tía Marina y me uní al grupeto espiado por mi insaciable curiosidad. Tras su minucioso conteo, se dirigió nuevamente al grupo con ese tono marcial y conciliador tan peculiar que animaba a escucharla: Me llamo Naki-al-Fayuk y soy egipcia, pueden llamarme Nak.

Estaré con ustedes durante todo el viaje. Ahora facturaremos los equipajes. Después, péguenlas en sus enseres. No me cabía la menor duda, Nak era una guía experimentada; certera como una leona cazando. Al traspasar la puerta de la zona libre de impuestos, vi a la buena de Marina con unos lagrimones enormes en los ojos sin parar de batir el pañuelo. Le eché un beso al aire. Desde ese instante, el tiempo literalmente voló. De repente, sentí una inmensa paz. Miré por la ventanilla: Seguí mirando hasta que el pincel del espacio fusionó sus tonalidades.

En ese instante, giré la vista hacia el firmamento. Una hermosa y resplandeciente bóveda celeste con algodones tenues, me acompañaba. Sumergida en un letargo perfecto, no tenía miedo a nada. Vamos a la cama. Me chupa el pecho, me pajea, le como las gomas. Cae la amiga, "no me dejen afuera" dice. Se mete a la cama. Me chupan y me comen entre las 2. Pete a 2 bocas. Pregunto "quien me da la cola? Se cagan de risa, se pelean "a quien le toca el 7" Me re cabalga y cuando le digo "le prestamos la pija a tu amiga?

La rubia empieza el 2do. Su guarres pasa por gemir mucho, muuuy fingido: Reincidencia, ni en pedo. Ami ultimamente me viene pasando lo mismo, le pongo onda, le pongo guita pero las cosas no salen como lo planeado. Una vez mas mi dicho esta mas actual que nunca " A veces no se puede coger ni pagando